Cuando el quería huir - y era tan, tan a menudo - se refugiaba en este universo digital. Pequeñas tareas para huir del Diablo Mundo.
Comunicar a todos, que es como comunicar a nadie, soñándose acompañado de gente que lo encontraba, lo apreciaba, lo aceptaba, lo quería a distancia, que admiraba lo que escribía y se reconocía en él mismo.
Mucho sueño y poca realidad, soledad blanca de quimeras digitales. Menudencias que lo mantenían ocupado. Conseguían lo principal: evitar todo recuerdo o pensamiento. Parecía que hacía algo sin hacer nada, quemando un tiempo que creía que le sobraba - No sabía , o fingía no saber, que éste corre,corre, hacia adelante, como los rios, los peores, los mas tranquilos, cuyas aguas parecen quietas y en lo profundo y disimuladamente corren incansables, imparables, profundas y rápidas- en la ilusoria pero temporalmente satisfactoria tarea de creerse un Sthendal, o redactor fantástico de gran periódico, o crítico, o quizás, él mismo, sincero y entrañable cuando contaba la verdad, o inventivo y genial cuando no la contaba (las mas de las veces era una curiosa mezcolanza indistinta de ambas cosas a la vez, que le permitía ser público y a la vez, como en la vida misma, no dar nada a cambio. Extraño. Aunque, ¿quien no ha hecho alguna vez algo así?), sin que todo esto fuera en realidad mucho mas ilusorio que verdadero.
Creo que intentaba reinventar así la misma vida de la huía,huía,huía, olvidar los imperfectos, construirse un mundo seguro y mas amable, del que era dios, dueño, señor y amo. Aunque atendiendo a lo que ese mundo le costaba en tiempo y vida vivida, las erróneas enseñanzas que le transmitia, las experiencias amargas, pero reales , o dulces, pero sólo en ocasiones, que le robaba, yo hubiera dicho que era más bien su esclavo.
Yo llegue a convertime en una de las cosas que huía. Con el tiempo, cuando le hice olvidar que antes de conocerme huía mucho más, cotidianamente, y vivía mucho menos, (tanto que contemplaba toda su vida con un rictus de amargura y en su huida cotidiana hizo cosas que le perjudicaron para siempre jamás), creo que ambos llegamos a pensar que yo era una de las cosas de las que mas huía ; pero quizás esto no era más que una ceguera compartida. Cuando no soy yo, es cualquier otra cosa. Y de forma mucho peor.
Al menos, conmigo conoció algo de felicidad, entre todo lo malo, y sacó algo de valor para afrontar y vivir, y disfrutar algo. Temo que consigo mismo, abandonado a sus malos pensamientos y a sus terribles elecciones, ni siquiera consiga eso.
O quizás si y haya aprendido lo suficiente, y mis temores no sean mas que vanidad fatua de ex-amante advenediza, quien sabe.
Hoy soy yo quien busca en donde él buscaba, no sé si el olvido o el recuerdo, quizás una mezcolanza extraña de ambas cosas, lo que hará que consiga a la vez ambos y ninguno. Hoy soy yo quien se distrae y quema tiempo como quien quema billetes de banco, y me pierdo aquí para olvidar.
Pero no soy como él, y en vez de dejar mi mundo atrás para reinventarme otro, me he traido mi bagaje de recuerdos. Mi vida no me da pudor ni me trae lamentaciones -quizás, con el tiempo, pero no ahora - y hasta aquí, en el corazón del acto para el olvido, he traido un recuerdo suyo.
En eso consiste el acto de anotar la vida.¿no?
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